martes, 8 de febrero de 2011

ABRAHAM, AMIGO DE DIOS

Pero tú, Israel, siervo mío eres; tú, Jacob, a quien yo escogí, descendencia de Abraham mi amigo. Isaías 41:8.

Además de ser llamado "padre de la fe", Abraham recibió en las Escrituras un título que a todos los cristianos nos gustaría tener: amigo de Dios.
¿Qué fue lo que hizo Abraham en su vida, para ser considerado amigo de Dios? En primer lugar debemos notar la obediencia absoluta que mostró al salir de Ur de los caldeos para vivir como extranjero, en tiendas, hasta el final de sus días. No todos están dispuestos como Abraham a dejar a su familia, a sus amigos y su comodidad, para salir errante, como nómada, creyendo en una promesa que no recibiría en vida, a saber, que la tierra de Canaán sería suya. Esto hizo Abraham porque obedeció y creyó en la palabra de Dios.
Confió y esperó con paciencia el cumplimiento de la promesa de que Sara, su esposa, tendría un hijo. Esa espera duró veinticinco años, y yo no sé cuántos estarían dispuestos hoy día a esperar tanto para que Dios conteste una oración. Aun así, Abraham creyó que su Amigo cumpliría su promesa y se aferró a él hasta que Isaac nació.
No se rehusó a que Dios le cambiara el nombre de "Abram" ("padre honrado o enaltecido") a "Abraham" (padre de una multitud). ¿Te imaginas la ironía de un hombre de más de noventa años, que no tenía hijos, teniendo que comunicar a sus familiares y siervos que ahora habría de llamarse "padre de una multitud"? Pero Abraham conocía al Amigo que le había propuesto el cambio, y vivió hasta ver la promesa realizada.
La gran demostración de la fe de Abraham —que hasta nuestros días despierta una gran admiración—, fue que no rehusó entregar a Isaac para ser sacrificado. Dios le podría haber pedido a Abraham que sacrificara muchas cosas: su orgullo, su tiempo, su dinero (ya que era sumamente rico), sus siervos e incluso a sí mismo; pero tener que sacrificar a su hijo Isaac era realmente un pedido muy difícil de cumplir. Sin embargo, este amigo de Dios no dudó en acceder a la demanda divina y creyó incluso que el Señor levantaría de los muertos a quien era el objeto de la promesa.
También hoy nosotros somos llamados a vivir como Abraham para ser llamados "amigos de Dios", porque ese título no es exclusivo; cada cristiano
puede vivir como lo hizo este hombre de fe. Todos nosotros debemos mostrarle al mundo quién es nuestro mejor Amigo. La fe, la obediencia, la confianza y el desprendimiento son el gran desafío a lograr si deseamos ser llamados "amigos de Dios".

Tomado de meditaciones matinales para jóvenes
Encuentros con Jesús
Por David Brizuela

No hay comentarios:

Publicar un comentario en la entrada